La ilusión que me hizo recibir la llamada de aquel
municipio se esfumó rápidamente cuando descubrí que no era el jurado del
concurso al que me había presentado y que me comunicaba mi condición de ganador
del suculento premio del mismo quien me llamaba, sino un inspector de la
comisaría solicitando que facilitase mi ubicación exacta y ordenando que no me
moviera de aquí hasta nueva orden.
Poco tardó en personarse una pareja de policías
nacionales en mi casa procediendo a esposarme y a conducirme al furgón policial
que esperaba abajo con las puertas abiertas, las luces encendidas y la curiosa
atención de los ocasionales a la vez que numerosos viandantes.
Durante el trayecto hasta la comisaría, tuvieron a
bien informarme de que estaba detenido como sospechoso autor del asesinato de
una joven vecina del pueblo del que había recibido la llamada. Me dijeron que
el cadáver había sido encontrado prácticamente a la misma hora en que un jurado
compuesto por el concejal de Cultura y Festejos, el maestro del pueblo y un periodista
de la capital concedían el premio de finalista al relato que yo había enviado
al concurso literario de la localidad y que tenía como protagonista a una joven
que era asesinada en las mismas circunstancias que, al parecer, también lo
había sido aquella muchacha.
El sujetador de encaje negro, el cuello roto, el
haber sido encontrada en un sitio apartado y alejado de curiosas miradas…
Demasiados elementos comunes como para catalogarlo fríamente de “meras
coincidencias”. Me adelantaron que tendría que dar muchas explicaciones más
allá del machaconamente repetido “es un simple relato de ficción” que yo
esgrimía desesperado y en defensa propia.
1 comentario:
Mr ha gustado mucho la mezcla de ficción y realidad. Lo mismo que dejar el cambio en el bar como ficción, y que te despidan con una sonrisa como realidad.
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