02 abril 2009

LOS CUÑADOS LOS CARGA EL DIABLO. Capítulo 5


El calendario se iba acercando al uno de agosto con una velocidad que para mí hubiera querido cualquier otro año menos éste, cuando los últimos quince días de oficina antes de vacaciones competían con el mes de enero en ver quién tenía la cuesta más larga y empinada (dicho así suena feo, impropio de un horario infantil, pero, qué demonios, es muy gráfico, léanlo después de acostar a los niños si les supone algún tipo de dilema moral)…

Y fue uno de esos días, viendo la televisión, cuando surgió la idea. Antes de que interrumpieran la publicidad con el enésimo trozo de película que estaba intentando seguir, apareció en la pantalla del televisor un anuncio un tanto surrealista (o sea, que se trataba de una marca de coches): unos niños, sentados en el asiento trasero, modificaban a su antojo la realidad del paisaje que iban atravesando: movían nubes, provocaban olas en un tranquilo y apacible lago, rompían un vallado y… encaramaban una vaca en lo alto de una gasolinera…

Y entonces lo tuve claro… Vale que mi coche no es el del anuncio… Vale que yo no tengo niños que viajen en el asiento trasero amarrados como si fueran víctimas de un secuestro… Vale que yo soy incapaz de romper un vallado, de hacer olas en un lago y de mover las nubes… Pero… ¿por qué no iba a ser capaz de dejar a mi cuñado abandonado en una gasolinera?... Los defensores de los animales sólo ponían pegas si se trataba de perros… “Él nunca lo haría”… Mi cuñado, en cambio, haría eso y cosas mucho peores si no fuera porque nunca logró averiguar dónde escondíamos las llaves del apartamento de la playa…

En todo caso, no había otra: o lo dejábamos abandonado en una gasolinera o lo teníamos instalado en el puesto número uno del “ranking de las desgracias que te pueden arruinar las vacaciones”, seguido muy, pero que muy de lejos, por la insolación, la plaga de medusas, la salmonelosis y la canción del verano.

Había que intentarlo. Y lo primero era convencer del plan a mi mujer. Una tarea que se me antojaba no tan sencilla como pudiera parecer a priori… Al fin y al cabo, y a pesar de todos los disgustos acumulados, en lo más profundo de su alma ella albergaba sentimientos sinceros de cariño hacia… las gasolineras…

Sí, es cierto... Se cabreaba un montón cada vez que parábamos para repostar y veía que había vuelto a subir el precio de la gasolina, pero se le pasaba enseguida, justo en el momento en que yo volvía al coche cargado con dos bolsas de hielo y una de latas de cerveza… Eran otros tiempos… No existían los controles de alcoholemia de la Guardia Civil en las carreteras y no pasaba nada porque fueras conduciendo y sujetando una cerveza a la vez… No existían las cámaras de vigilancia y no pasaba nada porque robaras un par de cedés…

Ahora todo eso había cambiado y teníamos que contar con ello: no sólo había que dar el esquinazo a mi cuñado sino que, además, había que hacerlo sin que nos pillara la Guardia Civil ni nos grabaran las cámaras de vigilancia de la gasolinera. Es en esos momentos cuando echas de menos no haber sido uno de los guionistas de Ocean’s Eleven…

12 comentarios:

En El Palacio De La Risa Y El Dolor dijo...

jaj buenísimo, slaudos a tu lugar que parece tan bello en las fotos ;)

Maya dijo...

Dejar un cuñado en una gasolinera tiene como un aire literario romántico.. pero en esa gasolinera de la foto??
No creo que ningún pinguino se apiadara de él.

Merce dijo...

Antes de dejarle allí, quítale el mechero... capaz de liar una gorda

l.blondieSustoOMuerte?? dijo...

Situación conocida: noctámbulo en gasolinera en busca de alcohol y tabaco
Ingrediente añadido: tu cuñado helado, gordo y desorientado
Resultado: desconocido
Jo, tío no nos hagas esto, que somos animales de costumbres!!!!

Ana dijo...

No veo la hora de leer cómo siguió el plan.

Porque, o salió muy bien, o salió muy mal. Ojo porque quizá él sea un poco como los perros... a ver si va siguiendo la huella y a los tres días lo tenés rascando la puerta con cara de perro mojado!

Food and Drugs dijo...

¿Y pasar al cuñado por el tunel de lavado?
No, mejor no. Mantengámonos personas.

Más claro, agua dijo...

Palacio, ese lugar esta en mi imaginación. Cuando pienso en una gasolinera idonea donde abandonar a mi cuñado me aparece esa imagen :-)

Maya, por eso mismo... :-)

Merce, no sabes tú cuánto!!! Espera, espera a los próximos capítulos... :-)

Más claro, agua dijo...

I.blondie, tú misma lo has dicho: ¿susto o muerte? Lo siento, es una cuestión de supervivencia... ;-)

Ana, tranquila, los perros son infinitamente más inteligentes que mi cuñado. La csa salió mucho peor... Ya verás, ya... :-)

Food, ¿ducharse sin hacer ni el esfuerzo de enjabonarse?: seguro que le gustaba... ;-)

moderrunner dijo...

Pues en esa gasolinera tan fresquita al que veo yo es al Hannover. ¿Que nO?

Uno dijo...

Debo protestar, llevamos varios capitulos sin la presencia y gracejo del protagonista real de esta historia: tu cuñado (el cual me comienza a recordar "Las aventuras del valeroso soldado Schwejk").

¿Y tu cuñado quién lo protege? :P

Edurne dijo...

Yo, llegados a este punto, la verdad, como que me da un poco de penita tu cuñado, pero sólo un poquito muy pequeño, eh! Porque, claro, una se pone a pensar, sin querer, en los perritos abandonados, en los aitites y las amamas perdidos y desorientados en gasolineras lejanas... y claro, una no quiere, pero se imagina al cuñadísimo, oteando el horizoonte con una mano mientras se sujeta los pantalones con la otra después de salir del wc.
Pero bueno, también se le puede dar un pequeño susto,os dais un garbeo de taitantos kilómetros y luego volvéis... pero lo mismo no está, que se ha metido en otro coche, camuflado de perro y hala... camino de Oropesa!

Más claro, agua dijo...

Moderrunner, seguro que sí. Hielo y gasolina... ¿Quién necesita más?... :-)

Uno, ¿y quién protege a los tsunamis?... Pues eso... ;-)

Edurne, piensa en un rottwailer cabreado... ¿A que ya no te da tanta pena?... ;-)