09 diciembre 2016

#BEERNES 15 - SOÑAR NO CUESTA NADA MÁS QUE TIEMPO


A Kevin Johansen

Un hombre se despierta de manera abrupta durante la noche. Recuerda lo que estaba soñando. Se levanta. Se sienta delante de su ordenador portátil y lo escribe:

Hacía frío y el sonido del disparo aún temblaba entre mis dedos. No conocía de nada a aquella mujer, pero sospechaba que sería más bella muerta que viva. Escuché un segundo disparo. Su cara se desdibujó. Me dolía el pecho y empecé a respirar con dificultad.

Una mujer se despierta de manera abrupta durante la noche. Recuerda lo que estaba soñando. Se levanta. Se sienta delante de su ordenador portátil y lo escribe:

Hacía frío y en la mirada de aquel hombre vi reflejado el último fotograma de la película de mi vida. No le conocía de nada, pero sabía que mi muerte le haría rico. Hay venganzas que se pagan muy bien. Con lo que él no contaba es que yo también sabía disparar.

Yo mismo me despierto de manera abrupta durante la noche. Recuerdo lo que estaba soñando. Me levanto. Me siento delante de mi ordenador portátil y lo escribo:

Un hombre se despierta de manera abrupta durante la noche. Recuerda lo que estaba soñando...


05 diciembre 2016

Yo lo he visto... (154)


Que sustituyan el nombre de “Peligros” por el de “Castelar” puede tener varias y confrontadas reflexiones políticas. Pero lo de las lucecitas subrayándolo…

02 diciembre 2016

#BEERNES 14 - DÍAS DE MELODÍAS MELOSAS


El móvil ya no sonaba igual. Ni siquiera los tonos que diferenciaban la llamada de teléfono del mensaje o del whatsapp. Parecía un sonido como más triste, más apagado, más lacónico. Daba igual que eligiera otra opción del menú Ajustes – Sonidos y notificaciones – Melodía de sonidos. Ya podía ser el “Over the horizon” que aparece por defecto, el “Crossing a river”, el “Dance party” o cualquiera de las otras veinticinco melodías. Todas sonaban igual de grises, como si las corcheas hubieran perdido las ganas de vivir y las semicorcheas aún no estuvieran lo suficientemente preparadas como para sustituirlas en un trabajo de tanta responsabilidad.

Estuve consultando toda una tarde en Google por el posible origen del problema y no di con nada que se le pareciera. Tecleaba “melodías tristes móvil” y en el buscador me aparecían entradas que me ofrecían más melodías tristes para descargarme. También me proponía, como quinta opción, un enlace a la serie “Mar de plástico” de Antena 3, no me digas por qué, míralo tú mismo si no te lo crees…

Hice una consulta en Yahoo Respuestas y sólo recibí varios insultos y dos proposiciones para alegrarme el día firmadas por sendos nicks que no supe identificar como masculinos ni como femeninos.

Hice también la misma consulta en Forocoches y sólo recibí varios insultos y dos proposiciones para tunearme la moto firmadas por sendos nicks que tampoco supe identificar como masculinos ni como femeninos.

Probé de todo: aumentar la tarifa de datos a cuatro gigas, hacerme seguidor de El Mundo Today en la app de Twitter, ponerle una carcasa con una ilustración de Moderna de Pueblo… Nada daba resultado.

Anoche me desperté sobresaltado. Había tenido una visión (llámalo visión, llámalo pesadilla). Me puse las gafas, cogí el móvil de la mesilla, entré en Whatsapp – Contactos, busqué en el listado el nombre de mi cuñado (más concretamente, “Cuñado Cabr**”) y le bloqueé. Sin miramientos ni explicaciones previas. No eran horas. Desde entonces, no sólo el móvil ha vuelto a recuperar su tono jovial de siempre, sino que ahora me resulta agradable hasta el ruido de un portazo.

25 noviembre 2016

#BEERNES 13 - SI HAY QUE PISAR CRISTALES, QUE SEAN DE BOHEMIA


No recuerdo la última vez que recogí una carta de mi buzón. No hablo de las del banco, las de la Agencia Tributaria ni las de propaganda. Me refiero a una carta con mi nombre y mi dirección escritos a mano y con el nombre de un conocido en la parte posterior firmando como remitente.

¿Y una postal? ¿Cuándo ha sido la última vez que has recibido una postal?... Yo, ayer. Abrí el buzón con la misma intención de todos los días de vaciarlo de folletos de telepizzas, reparadores de todo a domicilio y de urgencia, ofertas de supermercado y anónimas amenazas de muerte escritas con faltas de ortografía (sí, el vecino del primero está jubilado y se aburre mucho…) y me encontré con una postal.

La foto abarcaba una vista frontal de la plaza Wenceslao de Praga. En el reverso, en la parte derecha, mi nombre, mis apellidos y mi dirección postal bajo un sello estándar de 1,15€. Y en la parte izquierda, el siguiente texto:

Esto no es lo mismo sin ti. Nada es lo mismo sin ti. Aquí empezó nuestra relación. Nunca debimos marcharnos de Praga. Yo he vuelto. Ojalá tú volvieras también. Te estaré esperando. Marta.

Tuve que leer el texto varias veces para intentar descifrar su significado. La postal, no había duda, venía dirigida a mí, pero el mensaje me resultaba tan incomprensible… Lo más cerca que yo he estado de Praga es la canción “Cristales de bohemia” de Sabina… Y aunque tengo una amiga que se llama Marta, jamás ha habido nada entre nosotros más allá de la amistad…

No han pasado ni veinticuatro horas desde que leí la postal. El piloto anuncia que en breve aterrizaremos en el aeropuerto Václav Havel de Praga. Sé que la tal Marta no estará esperándome, pero lo mismo esta tarde está sentada en algún banco de la plaza Wenceslao, me ve, me reconoce y me saca de dudas…


21 noviembre 2016

Yo lo he visto... (152)


“Mezclando churras con merinas” o, lo que es lo mismo, “Ya no saben qué inventar para no venir a trabajar”…

18 noviembre 2016

#BEERNES 12 - LA VIDA EN... NEGRO


No teníamos bastante con la última derrama para pintar el patio cuando esta misma mañana aparece un cadáver en el ascensor. Afortunadamente para la derrama, no se trata de ningún vecino, por lo que todos podrán seguir pagando su parte. Es una mujer de unos cuarenta años, vestida con traje masculino, corbata incluida, y el pelo recogido en una larga coleta.

Mientras llegan los del 112 para certificar su muerte, algo que, por otro lado, es más que evidente, algunos vecinos nos arremolinamos en el portal para comentar lo sucedido. El portero jura que él no ha visto nada, que estaría limpiando los cristales cuando la señorita entró al edificio. Nosotros nos preguntamos que para qué queremos un portero en la entrada si se le cuelan hasta los cadáveres.

El forense ya ha firmado el fallecimiento de la mujer y la policía ha estado buscando entre sus pertenencias algún documento con el cual identificarla. Pese a nuestro acercamiento y nuestra insistencia en conocer los detalles, no han largado nada. Las elucubraciones, lógicamente, se disparan. Hay quien apuesta por que se trate de una vendedora de seguros, de una testigo de Jehová o, incluso, de una prostituta de lujo.

Sólo el marido de la difunta sabe a estas horas que el brebaje que ha mezclado en el café que le ha preparado esta mañana a su mujer ya ha tenido que hacer efecto. Lástima que se haya equivocado en tan sólo unos minutos y no le haya producido la parada cardíaca, como él deseaba, estando en la cama con su amante.

Yo me enteraré mañana, una vez realizada la autopsia, cuando unos policías de paisano se lleven esposado a mi vecino el psiquiatra, quien asegurará no tener nada que ver con el envenenamiento de su paciente. Verás cuando les cuente a los demás vecinos que hay uno que ya no podrá pagar la derrama…

14 noviembre 2016

11 noviembre 2016

#BEERNES 11 - EL CASO


Yo no tengo un tío en América, como los de entonces, ni un mecenas… Ni siquiera tengo un humilde sponsor. Siempre visto camisetas blancas, pero no porque me gusten especialmente, sino como una desesperada llamada a posibles patrocinadores, algo así como “Aquí tienen mi, si no admirable, al menos aceptable cuerpo para que pasee su marca por las calles de la ciudad, que yo soy muy de estar en la calle y moverme por ambientes afines a su target” (que no sé lo que significa pero lo he visto escrito en varios catálogos publicitarios y suena fenomenal).

El caso es que yo escribo por amor al arte. Por amoral y por el arte. Por no helarme. Por enamorarte.

El Caso, esta vez con mayúsculas, era un periódico de sucesos de cuando la gente iba al kiosco a comprar los periódicos. Más que noticias, los periodistas de la redacción escribían avances de necrológicas. Y los epitafios bien podrían pasar hoy por microrrelatos.

A nadie le gustaba decir que trabajaba como periodista en El Caso en una época en la que las chicas se iban con cualquier tipo, no importaba la edad, que tuviera barba y un ejemplar de El País bajo el brazo… A nadie le gustaba reconocer que investigaba crímenes sin resolver, que pagaba pasta a asesinos a sueldo a cambio de un titular… A nadie le gustaba comentar en la barra del bar que se pedía el segundo gin-tonic tan seguido porque necesitaba quitarse el mal sabor de boca que produce contemplar las vísceras de una prostituta esparcidas sobre el gotelé de una pared…

Desagradable, ¿verdad?... Pues ahora, imaginaos mi situación: yo era el negro de un periodista de El Caso…


Tuve que esperar varios años, hasta que desapareció el periódico, para matarle y no ser el protagonista de la portada del día siguiente…