30 septiembre 2016

#BEERNES 5 - LA BELLEZA ESTÁ EN EL INTERIOR


Me escribe una carta un tal Juan Zhou, a quien no tengo el gusto de conocer, y tras una breve presentación, que me deja igual que antes, me dice, literalmente:

“We found your information on the internet, known you are a big beauty center with many objects”.

¿Me está diciendo que yo soy un gran centro de belleza? Como no me fío de mi inglés, recurro al traductor de Google, muy práctico en estos casos, y me dice que la traducción al castellano del texto es:

“Encontramos su información en internet, conocido usted es un centro de gran belleza, con muchos objetos”.

¿Un centro de gran belleza con muchos objetos?... Miro a mi alrededor y no encuentro la cámara oculta... Pero compruebo que, realmente, tengo muchos objetos... Mi pregunta es: ¿puedo ser “un centro” siendo zurdo?... Y en cuanto a lo de gran belleza... Yo lo agradezco, la verdad, pero no sé si se ajusta exactamente a la realidad. Cierto es que ha habido gente que me ha llamado “¡guapo!” por  la calle... Aunque no es menos cierto que luego han intentado venderme un cupón de la ONCE...

El caso es que el tal Juan lo que quiere es preguntarme lo siguiente:

“May i know if we have the chance to cooperate on beauty machine?”

Que según el traductor de  Google quiere decir:

“¿Se puede saber si tenemos la oportunidad de cooperar en la máquina de la belleza?”

¿Y yo ahora qué le contesto a este buen hombre?... ¿Alguien tiene en su casa la máquina de la belleza y puede aconsejarme?...


23 septiembre 2016

#BEERNES 4 - CUENTUS INTERRUPTUS


Harto de esperar en la página 3 a que el autor se decidiera a retomar el texto y darle algún sentido a su vida, aprovechó que en el párrafo anterior estaba escrita la palabra “escalera” para saltar hasta la página 2, después a la 1 y, desde allí, directamente a la mesa.

Como personaje recién creado apenas tenía experiencia en nada, pero no le costó deducir el funcionamiento del teclado del ordenador. Situó el cursor en la página 3, allí donde su vida se había quedado estancada y comenzó a escribir. Sin saberlo, estaba inventando un nuevo género: la autobiografía futura.

Pasó toda la noche escribiendo. Los párrafos se sucedían rápidamente y los números que marcaban el orden de las páginas cambiaron de dos a tres cifras al llegar el amanecer, justo cuando comenzó a escuchar ruidos procedentes de la cocina. Por el mismo camino por el que había salido, regresó a la página 3 deseoso de empezar a vivir las casi cien restantes y recién escritas.

El escritor, café en mano, se sentó frente al ordenador, abrió el archivo de su último cuento, el que dejó unos días antes en la página 3, y comenzó a repasarlo. Cambió la frase de inicio un par de veces sin mucha convicción. Continuó leyendo. Apenas le gustaban algunas expresiones sueltas y una descripción que a él mismo le sorprendió por la exactitud de los adjetivos utilizados. Pero aquel texto no funcionaba. Pasó con desgana a la página 2 y ya leyó de manera puramente automática. Nada le cuadraba, nada le animaba a continuar.


Ni siquiera llegó a la página 3, por lo que no pudo comprobar que el texto se extendía de manera brillante hasta la 101. Pulsó la “X” de arriba a la derecha de la pantalla y a la pregunta ¿Desea guardar los cambios efectuados en “Documento 1”? pinchó en el “No”.

16 septiembre 2016

#BEERNES 3 - FELICIDADES POR TANTO


Tengo una amiga, pongamos que se llama Rosa, que es maestra en un colegio. Concretamente, se encarga de la “clase de integración”, es decir, de la que sólo tiene alumnos problemáticos (entienda usted lo que quiera por “problemático”, que el sistema educativo es muy retorcido).

El caso es que cada mañana, antes de comenzar con las tareas diarias, abre mi libro Felicidades por tanto y les lee a sus alumnos la entrada correspondiente del día.

Porgamos que hoy, 16 de septiembre, Rosa ha entrado en el aula, ha dado los buenos días, ha abierto el libro y ha leído:

“16 de septiembre: Hoy es el cumpleaños de David Copperfield y Camilo Sesto. Uno es capaz de hacer desaparecer a todo el mundo a su alrededor. El otro es mago”.

Seguramente, los alumnos no saben quiénes son esos dos personajes que aparecen en el texto. Rosa se lo explica. Incluso, quizás, busca en el You Tube de su tablet algún video de Camilo Sesto para que lo escuchen. Los alumnos, me cuenta, acaban pillando la gracia, se ríen y comienzan el día con una actitud más positiva.


Escribir es, para el autor, crear una nueva versión de la vida. Quiero pensar que gracias a lo que yo escribo y, sobre todo, gracias a Rosa, estos alumnos podrán encontrar una versión de la vida en la que se sientan integrados y a gusto.

12 septiembre 2016

Yo lo he visto... (143)


Viendo esta imagen, ¿cómo se titula la novela?...
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El tiempo entre costuras.


09 septiembre 2016

#BEERNES 2 - VACACIONES


Era 31 de agosto y sus vacaciones habían terminado. Había llegado a casa por la tarde, había desecho la maleta, se había duchado, había cenado algo ligero y se había acostado temprano pues al día siguiente debía madrugar para ir a la oficina.

Por la mañana, con el cansancio aún sobre sus párpados, miró el calendario de la pared de la cocina mientras se tomaba el café. Lo decía bien claro bajo una bonita fotografía de la playa de La Concha de San Sebastián: AGOSTO.

Era uno de agosto y, por tanto, el comienzo de sus vacaciones. Terminó el café, fregó la taza, recogió las migas de pan de la tostada de la encimera y se dirigió a su habitación a hacer la maleta. Una hora más tarde, ésta ya estaba colocada en el maletero del coche y él conduciendo en dirección al apartamento en la playa que alquilaba todos los años.

Llegó poco antes del mediodía. Abrió la puerta de entrada con la misma ilusión de siempre y se encontró a un matrimonio de jubilados trasladando sus ropas de la maleta al armario. Les preguntó qué hacían allí pero no le escuchaban. Se puso delante de ellos pero no le veían. Intentó sacar las perchas ocupadas del armario pero estas se le escapaban de las manos como si de niebla se tratara. No entendía nada. Por más que gritaba, aquellos tranquilos ancianos ni siquiera se inmutaban. Tras media hora de infructuosa búsqueda de explicaciones, decidió acomodarse en el dormitorio que quedaba libre dejando para más tarde la llamada y posterior reclamación a la agencia inmobiliaria.

Tres días después, aún no había conseguido que descolgaran el teléfono en la agencia. Sin embargo, se había acoplado a los horarios de sus compañeros de apartamento y disfrutaba de unas merecidas vacaciones.