13 enero 2017

#BEERNES 19 - LOS REGALOS LOS CARGA EL DIABLO


Los regalos los reparten los Reyes Magos, pero los carga el diablo. Y cuando abres el paquete y descubres que es un pluma estilográfica, sabes que, a partir de ese momento, todo va a ir mal.

Tú, que siempre has escrito tus cuentos pulsando teclas en el ordenador, buscas por toda la casa unos folios en blanco o un cuaderno con los que poder utilizar tu nueva pluma. Empiezas a escribir y a trabajar en tu última idea para un relato. Y ya en la tercera frase, o en el segundo párrafo lo más tardar, el personaje principal se te desmanda. No obedece a tu argumento y trata de interpretar la historia a su manera. El protagonista de carácter afable y conciliador se ha vuelto, de repente, un huraño y un soberbio. Por mucho que tú quieras enderezar su rumbo enfrentándole a situaciones en las que sólo puede reaccionar de la manera que tú tienes pensada, él le da la vuelta, rebusca en las lagunas de tu argumentación y se escapa por entre  los huecos que dejan en blanco las líneas que escribes.

Es culpa de la pluma: si no estás acostumbrado a usarla, los personajes lo notan y se aprovechan de tu debilidad tomando las riendas de la línea argumental y campando a sus anchas por esos paisajes nevados que son los folios en blanco. El gesto autoritario, casi dictatorial, del dedo sobre las piezas del teclado imponiendo el pulso narrativo se torna en fragilidad e incertidumbre cuando deslizas la punta de la pluma sobre el papel, temeroso de quebrarla. Igual que los animales ven tu miedo reflejado en tus ojos, así los personajes de los cuentos sienten tu inseguridad en tu mano.


He sido incapaz de terminar no ya un cuento, sino un simple microrrelato con la pluma estilográfica. La he devuelto a su elegante caja y la he colocado en una estantería lejos de la mesa en la que trabajo. De vez en cuando, mientras tecleo, la miro de reojo y le doy gracias a la tecnología por lo sumisos y bienintencionados que me salen los personajes en la pantalla del ordenador.

09 enero 2017

Yo lo he visto... (157)


Unos maleducados muy bien educados: pintan en las paredes de los servicios públicos pero piden las cosas por favor.

30 diciembre 2016

#BEERNES 18 - CUESTIÓN DE GUSTOS


Me gustaban aquellos zapatos. Pasaba todos los días por delante del escaparate y allí estaban, apoyados sobre un elegante cubo de terciopelo azul, mirándome fijamente, como queriendo decir “llévanos contigo” pero diciendo en realidad “450 euros”. Jamás podría comprarlos. Mi sueldo apenas me permitía optar a revolver, una vez al año, en las zapaterías de barrio en busca de un calzado en cuya etiqueta no figurara diseñador conocido alguno.

Me consolaba paseando con cierta frecuencia por delante de la tienda y, frente al escaparate, haciendo coincidir los zapatos con la imagen de mis pies reflejados en el cristal- Cada día me colocaba en el lugar exacto y comprobaba como en un espejo qué tal me quedaban aquellos zapatos con la ropa que llevaba puesta. Unos pantalones de pinzas se acoplaban discretamente al conjunto, mientras que el traje gris marengo de las grandes ocasiones se antojaba demasiado claro para ser combinado con el marrón de los zapatos. Definitivamente, desentonaban con la camisa de cuadros pero no quedaban demasiado mal con aquella americana negra y los pantalones vaqueros. Hasta que llegué con el abrigo negro… Aquellos zapatos eran el complemento perfecto a mi abrigo negro. La caída del abrigo hasta los tobillos parecía prolongarse perfectamente en la línea de los cordones de los zapatos. Por fin había encontrado la ropa perfecta para aquellos zapatos que jamás podría permitirme el lujo de comprar.

Entonces, mi imagen reflejada en el cristal sonrió orgullosa, inclinó la cabeza con inusual elegancia a modo de saludo y, sin más, se marchó por la trastienda con sus zapatos nuevos.


23 diciembre 2016

#BEERNES 17 - CUENTO DE NAVIDAD


Belén, mi vecina del cuarto, acaba de dar a luz. Aunque lleva un tiempo viviendo con su novio, mis amigos y yo sabemos que el hijo no es de él. Aprovechando sus viajes fuera de la ciudad, ella ha metido en su casa a prácticamente todos los hombres de entre 25 y 40 años del barrio a excepción de nosotros tres, también es mala suerte. Y los ruidos del cabecero de su cama no engañan…

Mis amigos y yo hemos pensado que podíamos subir y hacerle algún regalo, a ver si de esa manera se entera de que existimos y tenemos alguna posibilidad de…

Yo creo que le regalaré una medallita de oro con el nombre del niño (espero que la información que me ha dado el portero de que se llama Jesús sea cierta) y su fecha de nacimiento... Gary dice que él piensa regalarle una pequeña planta de marihuana y una maquinita para liar porros, que como tendrá que tener todo el día al niño en brazos, cualquier ayuda en ese sentido siempre será bien recibida. Lo mismo le dice también los nombres de los camellos de nuestra confianza, por si quiere aumentar la plantación… Y Blas, tan críptico y original como acostumbra, ha decidido regalarle un memo mug, que no sabemos lo que es ni para qué sirve…


Nuestra intención es esperar en la cocina tomándonos unas cervezas y mirando por la ventana del patio a su piso para, cuando encienda alguna luz, saber que ya ha llegado, subir a ofrecerle nuestros presentes y, ya de paso, verle la cara al niño e intentar adivinar a quién se parece. Yo ya he apostado por Ángel, el kiosquero, que es el que siempre le trae a Belén las revistas del corazón a casa (imagínate por qué) y, de paso, le informa de las últimas noticias de los periódicos.

16 diciembre 2016

#BEERNES 16 - CAMINANTE, NO HAY CAMINO


“Todos estamos solos en los espejos” (María Zaragoza)

Me fui a Vilamoura, en el Algarve, para esconderme. Huía de mis miedos, de mis mañanas y de mis pasado mañanas, de la tristeza de los lunes, del anodino gris de los miércoles y de la falsa algarabía de los jueves. Crucé la frontera como quien atraviesa un espejo rememorando sus lecturas de infancia y tratando de encontrar un país de las maravillas al otro lado. Pero allí no había conejos con chistera y reloj de bolsillo en mano. Por no haber, no había ni prisas. Nadie llegaba tarde a ningún sitio pero tampoco nadie celebraba los no cumpleaños. Llegué a la conclusión de que, en vez de al otro lado de un espejo, tan sólo había cruzado al otro lado de un puente.

Sin embargo, la realidad, azarosa como un cuento de Paul Auster, quiso llevarme hasta la rua da Botelha, dónde si no… La puerta abierta del Patacas Bar me facilitó el tomar una decisión sobre dónde entrar. Pedí una Super Bock. A pesar de estar la barra prácticamente llena, creí verme a mí mismo en la otra punta. La misma ropa, el mismo corte de pelo, las mismas gafas… Bebía una Sagres y escribía algo en el móvil, no sé sí un mensaje, un whatsapp o una idea para un microrrelato en el bloc de notas.

Miré mi propio móvil. No tenía ningún mensaje, no había recibido ningún whatsapp pero en el bloc de notas descubrí una nueva entrada que yo no había escrito. Estaba en portugués y, más o menos traducida, venía a decir lo siguiente:

Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí. Sólo unos pocos encuentran el camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran, otros ni siquiera quieren encontrarlo.

Levanté la vista y vi como mi otro yo se iba difuminando hasta quedar solamente su sonrisa. Ya no tenía duda alguna de que se trataba del gato de Cheshire disfrazado de mí mismo. Ya no tenía duda de que, efectivamente, no había cruzado un puente sino un espejo. Sólo me quedaba ya encontrar mi propio camino.

Lo que sucedió después estará escrito en otros cuentos.