19 mayo 2017

A VECES UNA CANCIÓN DE AMOR


Para ti, primavera, por tus meses de abril.

Y para Pancho Varona, porque a esta canción le falta su música.

A veces torero a toro pasado
A veces equilibrista con sed
A veces un futuro anticipado
A veces no me canso de otra vez
                                     
A veces Adán sin Eva ni Gloria
A veces repito en adolescencia
A veces carrusel a veces noria
A veces me abandona la paciencia

A veces soy Luz y otras veces Fer
A veces niego al dios de los abstemios
A veces sé que no hay vuelta al revés
A veces sé que no tengo remedio

A veces vivo vidas de mentira
A veces suelo negar la evidencia
A veces hay más afloja que tira
A veces hay salidas de emergencia

A veces Velázquez sin su Menina
A veces Sixtina sin su Madonna
A veces Maradona sin su mina
A veces Sabina sin su Varona

A veces una piedra sin camello
A veces un pico sin jeringuilla
A veces un beso para tu cuello
A veces la lluvia para Sevilla

A veces otoño sin tu noviembre
A veces primavera sin tu abril
A veces verano sin donde siempre
Pero ni un maldito invierno sin ti

A veces una mesa con mantel
A veces un menú por descubrir
A veces una cama en un hotel
Pero ni una canción de amor sin ti.

12 mayo 2017

#BEERNES 32 - FACEBOOK


Mi portera es Facebook.

En general, las porteras y porteros son la versión analógica de las redes sociales.

Mi portera recibe información de todos los vecinos y ella se encarga de publicarla en su muro (léase contarlo-a-todo-el-mundo-que-quiera-escucharla-y-a-quien-no-también).

Mi portera agradece infinito que le reconozcas con un “me gusta” su información y no soporta que la bloquees cerrando rápidamente la puerta del ascensor mientras ella te está hablando.

Mi portera agrega amigos indiscriminadamente. Acepta a todo el mundo que se asoma por la puerta de entrada del edificio, ya sea un vendedor de enciclopedias, el repartidor de pizzas a domicilio o un guiri despistado.

Mi portera está continuamente rescatando recuerdos de años anteriores y haciéndolos públicos con absoluto descaro. Envía mensajes privados a según qué vecinos y, cuando le pisas el suelo recién fregao, su cara reproduce más gestos que el inventario completo de los emoticones.

Mi portera también te puede bloquear: se queda con los libros que te envían las editoriales para reseñar, dice que no estás en casa cuando viene el del gas a repararte el calentador que lleva tres días sin funcionar (con lo que supone llevar tres días duchándote con agua fría) o se niega a etiquetarte en la circular que remite el administrador convocando a los vecinos a una reunión extraordinaria en la que hay que votar una nueva derrama.

Y, finalmente, mi portera es Facebook salvo cuando se enfada: entonces es tan escueta en sus comentarios que parece Twitter.

08 mayo 2017

Yo lo he visto... (173)


Tomate concentrado en el típico formato que mi cuñado confunde fijo con la pasta de dientes. Estoy deseando, sin que sirva de precedente, que llegue a casa…

05 mayo 2017

#BEERNES 31 - ZONAS VERDES


Por alguna razón que desconozco, tengo en la nariz el olor del perfume de la vecina del cuarto derecha desde esta mañana, cuando coincidimos en el ascensor. Es una mezcla de naranjas y hierba recién cortada. Al menos, es lo que me parece.

Me acuesto y tengo un sueño extraño: mi vecina cuida el césped del ascensor cortando las hierbas más altas con una pequeña tijera de manicura. Cuando voy a subir, se hace a un lado y me dice “Qué bien huele, ¿verdad? Ahora quiero plantar un naranjo…”

A la mañana siguiente, coincido de nuevo con ella en el ascensor. No huele a nada. Me dice: “¿No te parece que este ascensor está ya un poco viejo y que necesitaría una reforma?”… Y no se me ocurre otra cosa que contestarle: “¿No tendrás por ahí unas tijeritas para arreglarme una uña rota que me está molestando un montón?”.

Rebusca en su bolso y saca las mismas tijeras de manicura que vi en mi sueño. Disimuladamente me las llevo hasta la nariz y sí, huelen a hierba recién cortada.

28 abril 2017

#BEERNES 30 - A TODO GAS


La forma de llamar no me resultó familiar. No era el timbrazo seco acompañado por dos golpes de nudillo de la vecina. Tampoco eran los tres toques rápidos del presidente de la comunidad de propietarios o el agonioso timbrazo que se alarga en el tiempo bastante más de lo cortesmente recomendable de mi cuñado…

Aun así, abrí. En el descansillo ensayaban su mejor sonrisa impostada dos jóvenes vestidos de traje oscuro y corbata clara, una combinación que daba a entender que su asesor de imagen llevaba varios meses sin cobrar.

Tras verificar mi nombre, me explicaron de manera bastante atropellada que había habido un problema con mi factura del gas en los últimos recibos emitidos y que, por una cuestión técnica que no llegué a entender, me habían estado cobrando veinte euros de más al mes. Antes de que yo pudiera salir de mi asombro, no te digo ya protestar enérgicamente por semejante atropello, me tranquilizaron diciendo que allí estaban ellos para solucionarlo, que tan sólo tenía que firmar el papel que me ponían por delante.


Firmé, me dieron las gracias de tal forma que parecía que les había nombrado herederos universales de unos terrenos urbanizables y desaparecieron escaleras abajo. Cerré la puerta con la sensación de haber hecho algo muy positivo: concretamente, haber cambiado hacía ya seis meses el calentador de gas por uno eléctrico.

21 abril 2017

PLAGIO


Hacía tiempo que teñirse las canas había dejado de ser una de esas anotaciones obligadas en su agenda mensual. Le gustaba su melena blanca y dedicaba el dinero ahorrado en tintes a comprar libros. El último de ellos: una edición de bolsillo de “El Aleph” de Borges.

Con todo el día libre por delante, decidió acercarse al parque del Retiro a disfrutar de su nueva lectura. Eligió una mesa en una terraza junto al estanque, pidió una cerveza y abrió su libro por el primero de los cuentos.

No había llegado siquiera a la página 15 cuando notó a su lado la presencia de un hombre trajeado y con maletín. Se presentó como abogado y, de manera muy educada, le comunicó que tenía órdenes de denunciarla. “Le acuso de plagio”, le dijo. “¿Plagio?”, preguntó ella entre extrañada y temerosa de lo que pudiera hacerle aquel loco…

Efectivamente, según le explicó el abogado, aquella mujer, con su melena blanca y el libro de Borges entre las manos, estaba plagiando a su clienta María Kodama. Y ésta era muy mirada para esas cosas.


“Sólo le queda una opción para no ser denunciada”, añadió el abogado. “Cambie el libro de Borges por una lata de tomate de la marca Campbell’s. De esta manera, en vez de a María Kodama estará usted plagiando a Andy Warhol, pero ese no es cliente mío”…

07 abril 2017

MALDITO ESCALÓN


La semana pasada se falló el premio de microrrelatos que convoca, con carácter bienal, la empresa de ascensores IASA. En esta ocasión, se trataba de escribir un microrrelato con menos de quinientos caracteres y que contuviera la expresión “maldito escalón”.

Dada mi experiencia en ascensores (ver entrada del blog del viernes pasado), no dudé en presentarme. Lo mismo pensaron, según cifras oficiales, más de cinco mil escritores.

Una vez conocido el fallo del jurado, debo adelantar que mi microrrelato no resultó ganador pero sí finalista. De los cinco mil presentados, estuvo entre los veinticinco mejores. Yo ya lo considero un premio.

Mi microrrelato se titulaba KLIMMEN EN DALEN (*) y decía:

El diseño de aquel dibujo hacía días que se le resistía y le impedía conciliar el sueño. Su mujer, sin embargo, no dejaba de animarle: “No vayas a amargarte por ese maldito escalón torcido, hombre. Sigue dibujando por donde lo habías dejado, termínalo de una vez y vuélvete pronto a la cama, querido Escher”.

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(*) “KLIMMEN EN DALEN” significa “Arriba y abajo” y es el título de la famosa litografía de la escalera de Escher.



 

03 abril 2017

Yo lo he visto... (169)


En Portugal, los balnearios masculinos están patrocinados por la cerveza Super Bock. Yo quiero jubilarme en el Algarve…

31 marzo 2017

#BEERNES 29 - ASCENSORES


Hubo un tiempo, no hace tanto, en que el ascensor de mi edificio dejó de funcionar correctamente. Si pulsabas el botón del 2, nada ni nadie te aseguraba que pudieras acabar en el segundo piso. En un momento dado, el ascensor pareció tener decisión propia y repartía a sus pasajeros por los diferentes pisos del bloque en función de vaya usted a saber qué criterio.

Los vecinos, con el tiempo, acabamos acostumbrándonos. Sobre todo cuando, diera igual el piso en que uno saliera del ascensor, podía dirigirse a la misma letra de la puerta de su domicilio, abrir con su llave y entrar. Una vez en el interior, todo el mobiliario era distinto, pero uno se sentía como en casa. Llegabas a cenar, cansado del trabajo, y te recibía la mujer del vecino del quinto, la que fue Reina de las Fiestas de su pueblo, y te daba un masaje en el baño de esos que acaban con la paciencia de los vecinos de abajo. O te encontrabas con una casa tan destartalada que te entraban ganas de empezar a estudiar otra carrera universitaria. Nada que objetar, por tanto, en las reuniones de la comunidad de vecinos de cada trimestre.

Lo malo fue cuando el ascensor volvió a funcionar con normalidad. Al edificio le invadieron las rutinas. Por mucho que llamamos a Urbanismo nadie nos dio explicación ni compensación económica por lo sucedido. Uno pulsaba el botón del ascensor correspondiente al número de su piso y acababa en su piso. Cada mochuelo a su olivo. Cada pan a su pan y cada vino al olvido.

Llevamos dos meses así. La situación es insostenible. Hay vecinos que sólo utilizan la escalera. Mañana hay reunión de la Comunidad. Se ha convocado al responsable de la empresa de mantenimiento del ascensor.


27 marzo 2017

Yo lo he visto... (168)


Lo de los cubatas caseros me tiene encandilado… ¿Serán tan buenos como los que prepara una madre?...

24 marzo 2017

#BEERNES 28 - SOLEDAD


Mi amiga Sole trabaja doce horas al día. Apenas cobra un sueldo de setecientos euros con los que cubrir alojamiento y manutención.

—¿Dígame?...
—Buenos días. Pregunto por Xxxxx Xxxxx…
—Soy yo…
—Buenos días, sr. Xxxxx. ¿Tiene usted ADSL en casa?
—¿Y eso qué es?
—Conexión a Internet…
—Ah, sí, claro que tengo Internet…
—Y, si es tan amable, ¿con qué compañía lo tiene contratado?
—Ah, no sé… Con el wifi del vecino…

A mitad de la jornada, Sole baja a la calle, cruza la acera y se refugia en un pequeño bar donde almuerza, sin compañía y con desgana, el menú del día.

—¿Sí?...
—Buenas tardes. Pregunto por Yyyyy Yyyyy…
—Pues no está…
—¿Y sabe si volverá pronto?...
—No tengo ni idea. Salió esta mañana con una maleta en la mano y dando un portazo…

Tras cumplir su horario, Sole siempre vuelve a casa por el mismo camino. El más corto. Camina deprisa, cabizbaja. Ni siquiera se detiene a mirar ningún escaparate.

—¿Quién es?
—Buenas noches. Pregunto por Zzzzz Zzzzz…
—¿De parte de quién?...
—Le llamamos de la compañía telefónica Aaaaa…
—¡Cabrones! ¡Chorizos! ¡Sois unos mangantes! ¡Y encima tenéis la poca vergüenza de llamar a estas horas! ¡Que os den…!

Al llegar a casa, ya de noche, Sole enciende su ordenador portátil y busca en Internet convocatorias de castings para nuevas películas a los que poder presentarse en busca de una oportunidad. Si, por casualidad, suena el teléfono, no lo coge, no vaya a ser una compañera suya del trabajo preguntándole con qué empresa tiene contratado el servicio de ADSL...


20 marzo 2017

Yo lo he visto... (167)


Entiendo que, antes del 14 de noviembre, el horario era de 9:30 a 14:00 de lunes a sábado mañana y tarde…

Enhorabuena, por tanto, a los trabajadores de la empresa por la mejora de sus condiciones laborales.


17 marzo 2017

#BEERNES 27 - EL EFECTO MARIPOSA


Ocho de la mañana. Como consecuencia de la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios, la panadería permanecerá cerrada durante todo el día.

Diez de la mañana. Conocedor de la noticia, el anciano reserva el pan sobrante del día anterior y desiste de la idea de acercarse al parque como cada día.

Doce del mediodía. Las palomas deambulan nerviosas y hambrientas por entre los arbustos del parque buscando alguna miga de pan que llevarse al pico.

Dos de la tarde. Comienzan a llegar a Urgencias los primeros heridos por picotazos de paloma.

Cinco de la tarde. Los servicios mínimos implantados en el hospital con motivo de la huelga son incapaces de atender a todos los heridos que, en incesante goteo, siguen desbordando las dependencias del centro sanitario.

Nueve de la noche. La totalidad de los técnicos de la televisión local secundan la huelga. Se suspende el informativo de la noche por falta de medios y el comunicado del hospital tranquilizando a la población y dando la situación por controlada no puede emitirse.

Once de la noche. Crecen los rumores sobre la invasión de un ejército de palomas agresivas y descontroladas.

Doce de la noche. Finaliza la jornada de huelga.

Ocho de la mañana. La panadería permanece cerrada.

Diez de la mañana. El anciano, al igual que el resto de la población, permanece encerrado en su casa.

Doce del mediodía. Las palomas picotean tranquilas en los contenedores de basura.


13 marzo 2017

Yo lo he visto... (166)


¿A estas alturas del siglo XXI siguen existiendo los teléfonos públicos?... Eso sólo puede ser que el dueño del bar te deje usar su móvil…


10 marzo 2017

#BEERNES 26 - EL PRECIO JUSTO


Hace unos días, en el supermercado, una señora se quejaba a la cajera de que en el folleto que ella había recibido en el buzón de su casa figuraba una oferta que no se correspondía con el precio marcado en la vitrina.

Se trataba de una señora de no menos de ochenta años. Se trataba de una botella de Ballantines de no menos de setenta centilitros. En el folleto decía diez euros. En la vitrina, doce con cuarenta.

Si la Justicia siempre esgrime aquello de la presunción de inocencia, el Comercio presume de garantizar que el cliente siempre tiene la razón.

Lejos de tales premisas, la dependienta del supermercado comprobó el precio en el folleto y en la vitrina. Y lejos de darle la razón y la botella a la clienta, espetó: “Señora, es que este folleto tiene errores topográficos”.

Yo no entiendo de folletos, pero sé lo que son. Yo no entiendo de Topografía, y no sé lo que es. Así que busco en el Diccionario y me encuentro con: “Arte de describir y delinear detalladamente la superficie de un terreno”. Y también con “Conjunto de particularidades que presenta un terreno en su configuración superficial”.

Deduzco, entonces, que el supermercado, como la Justicia, es un terreno mágico donde nada es lo que parece. Si los precios son arbitrarios, así lo serán también los productos. Y donde uno pide huevos, otros le dan tortilla. Y donde uno pide pena de cárcel, otros le dan libertad sin fianza.

Ha llegado mi turno en la cola de la cajera del supermercado. He dejado todo lo que tenía en la cesta y he pedido una botella de Ballantines. Al precio que sea.