01 febrero 2012

Una fábula sin final feliz



En su sueño, dos inspectores de Hacienda, rifles en mano, vigilaban que no se distrajera de su tarea: construir una enorme rotonda y colocar en su centro una desproporcionada escultura que representaba a un dinosaurio con las fauces abiertas y gesto de tener hambre, mucha hambre.

Con un martillo golpeaba los gruesos clavos que fijarían la escultura al suelo. Y fueron precisamente esos golpes los que le despertaron. Sudoroso, se dirigió a la cocina a beber agua. En su cabeza seguían retumbando los golpes. ¿En su cabeza?...

Se asomó al balcón y, abajo, en la esquina de la calle, dos operarios, martillos en mano, colocaban un cartel en la pared a media altura: “Calle de Don Manuel Fraga Iribarne”.

Recordó a Monterroso.

7 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Fenomenal. Me lo llevo al Nido. Besos.

Utopazzo dijo...

Espero que esos operarios, tengan que estar los 365 días del año, colocando de nuevo el cartel (¿porque alguien tendrá la valentía de soplarle para que caiga no?), en la misma fachada... como "Atrapados en el tiempo" ¡Jeje!

¡Saludos utopazzianos... esperando a los marcianos!

Mei Morán dijo...

Muy ocurrente
un abrazo

W Ph Fogg dijo...

Y Pilar Bardem sin calle en Sevilla ... Me cachis!!!!

Food and Drugs dijo...

En eso gastan el dinero.
;-)

Uapi dijo...

Chapó!

Alís dijo...

El subconsciente siempre nos advierte, aunque no sepamos interpretarlo.
Gracias por la sonrisa
Besos