Mi vecino el psiquiatra
tiene su consulta en el tercero. Hoy me he enterado de que hace años que se
jubiló, pero que mantiene la consulta, supongo que para no tener que
desprenderse del diván, que es un objeto muy cómodo para dormir la siesta.
Mi vecino el psiquiatra
afirma que, pese a estar jubilado, sigue ejerciendo su profesión. Por delante
de sus prestigiosos y reconocidos conocimientos sobre la mente humana ya no
pasan pacientes de carne y hueso sino de papel.
Y es que mi vecino el
psiquiatra no lee novelas, sino que psicoanaliza a sus protagonistas y a sus
autores. Así, es capaz de sostener la teoría de que Kafka escribió La Metamorfosis por un serio problema de
reconocimiento del pequeño tamaño de su pene mientras que Flaubert consiguió un
personaje tan logrado como Madame Bovary
recreándose en la imagen que le devolvía el espejo cuando se disfrazaba con la
ropa de su madre.
Mi vecino el psiquiatra está
convencido de que Borges no sólo no era ciego, sino que tenía una visión
universal de las cosas, caso contrario al de Vargas Llosa, de quien dice que
hace tiempo que dejo de ver más allá del escote de nosequién.
Mi vecino el psiquiatra
cree que Bukowski no tenía un problema de alcoholismo, que el que se
emborrachaba era su negro y que el viejo Charles era el que escribía para su
negro aunque luego firmara él los textos.
Mi vecino el psiquiatra no
sabe que yo he publicado dos libros de microrrelatos. Y aún así, no se crean
que estoy muy tranquilo…
