
El sábado, invité a una amiga a comer en casa. Nada formal. Una excusa para ver juntos la penúltima etapa de la Vuelta Ciclista, que iba de Bilbao a Vitoria, y pasaba por el puerto de Urkiola, que tantos recuerdos nos traía a ambos.
Como sabía que en casa no faltan las cervezas y el vino, se presentó con una bolsa del Lidl llena de productos marca Vitasia… “Me ha hecho gracia”, confesó. “Una mezcla entre la cultura gastronómica de Vitoria y la de Asia…”
Era como equiparar a Arguiñano con un luchador de sumo pero en algún lado está escrito que no puedes hacer tragar a una amiga de la infancia una bolsa del Lidl llena de vaya usted a saber qué…
El caso es que desplegó sobre la mesa su recién adquirida compra y, además de un par de bolsas de “Wasabi Crakers” y otros productos cuyos nombres recordaban a los muebles de Ikea versión “Todo a un euro”, apareció una caja de “Glückskekse”. O sea, lo que vienen a ser las “Galletitas de la suerte” de toda la vida…
Después de cuatro cervezas y media botella de vino, abrimos la caja. Por la simple y llana curiosidad de averiguar qué decían los mensajitos de las galletas y echar unas risas…
Una hora más tarde, el resultado era, más o menos, el siguiente:
La gente a tu alrededor se sentirá atraída naturalmente por ti
Tu corazón estallará en fuegos artificiales y te rodeará la alegría
Prepárate para vivir horas de pasión con tu pareja
Confía en tu suerte, que es mucha y te rodeará de prosperidad
El placer te espera en la otra orilla. Cruza confiado
Hoy los pájaros te cantarán. Y todo será hermoso
Etc…
Ni qué decir tiene que no vimos el final de la etapa. Entre las cervezas, el vino y los mensajitos de las galletas, nos quedamos dormidos en el sofá con la intriga de saber si estábamos haciendo la digestión de unas galletas o de varias novelas de Federico Moccia…