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18 noviembre 2013

Yo lo he visto… (16)


El edificio lleva años abandonado. Los nombres de sus vecinos hace tiempo que desaparecieron de la parte frontal de los buzones. Sin embargo, cada mañana estos se siguen llenando de folletos publicitarios, reclamos comerciales, propaganda… Cada mañana, nuevos repartidores se acercan a los buzones y depositan en ellos renovadas ofertas de dos o tres por uno. De lunes a sábado. Todas las semanas…

Lo más curioso es que los buzones nunca se llenan. Es como si, durante la noche, el edificio se alimentara de esos impresos masticándolos con la boca de los buzones, abierta de nuevo por la mañana para recibir nuevas raciones de comida.

Hay quien afirma que, de madrugada, ha escuchado eructar al edificio, como si mostrara su satisfacción tras la comilona. Los arquitectos municipales achacan esos ruidos a las grietas de las paredes y a los pequeños desplazamientos de la estructura, que amenaza con venirse abajo cualquier día de estos, dicen.

Yo prefiero creerme la primera versión. Y algunas mañanas rompo las páginas de un periódico o de una revista y las deposito en los buzones como quien ofrece un menú degustación a un grupo de anónimos pero selectos invitados. Me marcho después calle abajo, discretamente, y susurrando un cariñoso y paternal “Que aproveche”…