El abuelo, con la intención de ayudar a su nieto en
los deberes del colegio, abrió el tomo E-F de su vieja enciclopedia Espasa –
Calpe para buscar la definición de la palabra “fulcro”. Lo que encontró le
llevó a curiosear en la biografía de Arquímedes y, por extensión, en la de
otros sabios helenos. Acabó agotado y dormido en el sillón junto a su
biblioteca...
Mientras tanto, el nieto, en su habitación, abría
el ordenador y tecleaba en Google la palabra “fulcro”. El buscador le empezó a
ofrecer alternativas: con la “f”, “facebook”; con “fu”, “fútbol”; con “ful”, la
web de música online “fulltono”; etc... Acabó agotado y pensando que no sería
mala cosa explicar al día siguiente en el colegio que el perro se había comido
sus deberes...
