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16 noviembre 2010

Mi carro me lo robaron...


Los ladrones son una subespecie de la raza humana. Como los cirujanos plásticos y los cabezas de lista electoral. Todos ellos te cambian la vida (normalmente, a peor) a base de quitarte cosas.

Si un día nos da por robar a un cirujano o a un cabeza de lista, ingresamos automáticamente en la subespecie “ladrón”.

Pero si robamos a un ladrón… Entonces, amigo, como dice el refrán, no hay mal que cien años dure. O algo así…

Por eso, el ladrón se sabe centro de las tentaciones del común de los mortales, ávidos de ser bañados por los beneficiosos augurios de un refrán, más allá del manido y carente de emoción “En abril, aguas mil”.

Y toma medidas disuasorias. Ya no le basta con robar un carro. Ahora también debe robar la cadena antirrobo para proteger su botín…

Lo que me lleva a pensar en que, cuando mueren, las cadenas antirrobo robadas deben ir al mismo sitio que los imperdibles perdidos o los cabezas de lista sin ideas…