El vino era corriente. De los de a menos de tres
euros la botella. Vino de mesa, lo llaman de manera no excesivamente
despectiva. Me serví una copa y lo probé. Efectivamente, no estaba bueno. Le
añadí gaseosa...
Cómo no mejoraría la cosa que hasta el propio vino
me lo agradeció con una sonrisa…
(Microrrelato basado en hechos reales. La
fotografía no está manipulada)
