
Hasta ahora, en España se conocían dos casos flagrantes de pérdidas. En primer lugar, la pérdida de maletas en Iberia, un problema que se resolvió cuando se inventaron las compañías “low-cost”, las cuales cobraban tanto por maleta facturada que la gente decidió viajar con lo puesto.
Y en segundo lugar, las pérdidas de orina, un problema que se agudizó cuando Televisión Española eliminó la publicidad de su programación y que se resolvió cuando Concha Velasco empezó a anunciar en el resto de cadenas las Tena Lady.
Pero hasta ahora no nos habíamos enfrentado a un problema tan grave como el que acabamos de leer en la prensa: “Las salas de cine españolas pierden el 10% de espectadores”… Es como si un perro entra en la cocina de un restaurante chino y ya no le vuelves a ver por el barrio…
Con el perro, más o menos, nos hacemos una idea de lo que ha podido pasar. Pero, ¿qué pasa con esa gente que se pierde en una sala?...
Algunos críticos de cine sospechan que pueda tratarse de un fenómeno como el de “La rosa púrpura del Cairo” pero al revés, es decir, que los espectadores atraviesan la pantalla y entran a forma parte de la trama de la película… De ser cierto, esta teoría explicaría la nefasta interpretación de algunos mal llamados “actores”…
Por su parte, la asociación “Linternas de Bolsillo”, compuesta por los tres o cuatro acomodadores que todavía siguen vivos, ha emitido un comunicado en el que atribuyen semejante desgracia a la desaparición de la figura del “acomodador” en las salas. “Sin la guía profesional de una linterna”, dicen, “el espectador deambula errático por entre las butacas y, claro, se pierde. Lo normal”.
También ha manifestado su opinión el gremio de limpiadoras de salas, que no descartan que los espectadores perdidos se encuentren mezclados entre los montones de palomitas, cáscaras de pipas, bolsas de patatas fritas y vasos extra-grandes de Coca-Cola que acaban amontonados por el suelo cuando acaba la película y que ellas se encargan de recoger y tirar a un contenedor para su posterior e inmediata trituración.
Sea lo que sea, se trata de un problema más para la ministra Sinde: a ver qué argumentos nos da ahora para que no nos descarguemos una película en el ordenador a sabiendas de que en nuestra propia casa no nos perderemos…
Y en segundo lugar, las pérdidas de orina, un problema que se agudizó cuando Televisión Española eliminó la publicidad de su programación y que se resolvió cuando Concha Velasco empezó a anunciar en el resto de cadenas las Tena Lady.
Pero hasta ahora no nos habíamos enfrentado a un problema tan grave como el que acabamos de leer en la prensa: “Las salas de cine españolas pierden el 10% de espectadores”… Es como si un perro entra en la cocina de un restaurante chino y ya no le vuelves a ver por el barrio…
Con el perro, más o menos, nos hacemos una idea de lo que ha podido pasar. Pero, ¿qué pasa con esa gente que se pierde en una sala?...
Algunos críticos de cine sospechan que pueda tratarse de un fenómeno como el de “La rosa púrpura del Cairo” pero al revés, es decir, que los espectadores atraviesan la pantalla y entran a forma parte de la trama de la película… De ser cierto, esta teoría explicaría la nefasta interpretación de algunos mal llamados “actores”…
Por su parte, la asociación “Linternas de Bolsillo”, compuesta por los tres o cuatro acomodadores que todavía siguen vivos, ha emitido un comunicado en el que atribuyen semejante desgracia a la desaparición de la figura del “acomodador” en las salas. “Sin la guía profesional de una linterna”, dicen, “el espectador deambula errático por entre las butacas y, claro, se pierde. Lo normal”.
También ha manifestado su opinión el gremio de limpiadoras de salas, que no descartan que los espectadores perdidos se encuentren mezclados entre los montones de palomitas, cáscaras de pipas, bolsas de patatas fritas y vasos extra-grandes de Coca-Cola que acaban amontonados por el suelo cuando acaba la película y que ellas se encargan de recoger y tirar a un contenedor para su posterior e inmediata trituración.
Sea lo que sea, se trata de un problema más para la ministra Sinde: a ver qué argumentos nos da ahora para que no nos descarguemos una película en el ordenador a sabiendas de que en nuestra propia casa no nos perderemos…