“No sabía nada”, le
dije a la viuda cuando vi la esquela en el portal. “Fue algo repentino”, me
contestó. “Ayer se levantó más animado de lo normal, se afeitó, se duchó, se
puso su mejor traje y, cuando iba a salir de casa, recibió una llamada en el
móvil. Él no sabía que yo estaba escuchando. Mencionó la palabra ‘cari’ para
dirigirse a la persona con quien hablaba, le dijo que ya iba para allá y acabó
despidiéndose con un ‘yo también’. Cuando iba a salir de casa, tropezó y se dio
un fuerte golpe en la cabeza. Ya no se levantó”.
“¿Y usted nunca antes
sospechó que su marido podía tener una amante?”, le pregunté. “Yo no sabía
nada. Y él se tropezó al ir al salir…”