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18 diciembre 2015
Felicidades por tanto, mayo...
MAYO (avance)
1 de mayo (Día del Trabajo)
Tal día como hoy
murieron Goebbels y Bin Laden, sin duda dos buenos trabajadores. Felicidades,
sin embargo, a los trabajadores de bien.
2 de mayo
Tal día como hoy de 1879
se funda el PSOE. Felicidades a los madrileños, que tienen fiesta y hacen
puente...
3 de mayo
Hoy es el Día Mundial de
la Libertad de Prensa. O sea, que esta mañana tu kiosquero puede darte el
periódico que le venga en gana.
4 de mayo
Hoy es el Día
Internacional de Star Wars. No salgan a la calle sin su fluorescente rosa o
azul.
5 de mayo
Tal día como hoy de
1494, Cristóbal Colón llega a la isla caribeña de Jamaica. Y allí sí que
descubre un nuevo mundo...
Se acercan
fechas de celebraciones, felicitaciones y regalos. A familiares, a amigos, a
amigos invisibles y, si no hay más remedio, cuñados, esos familiares que
quisiéramos que fueran invisibles.
Por sólo 12 euros (gastos de envío incluidos) este
libro es una original idea para regalar. Puedes hacer tus pedidos en la web de
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incluso de empezar con el cava. Si no, lo decimos siempre, te devolvemos el
dinero.
Gracias
de antemano por tanto.
14 mayo 2012
Mi primera comunión
Corrían los tiempos en los que el blanco y el negro
eran los colores predominantes en las pantallas de los televisores de los
españoles. Vestido de paisano, y a contracorriente de la inmensa mayoría de
marineritos que me rodeaban, a pesar de ser pueblo de interior, me disponía a
recibir mi primera comunión.
Unos meses antes, la catequista me eligió para que
durante la ceremonia recitara una oración bastante más larga que el resto que
les tocaron en gracia a mis compañeros. Semana tras semana, camino de la
catequesis, ensayaba el recital ante mi madre, que me acompañaba premiando con
sonrisas la buena entonación y disculpando, también con sonrisas, los errores y
olvidos de alguna que otra estrofa.
El gran momento llegó y subí al altar. Me
observaban cincuenta niños y sus respectivas familias. La expresión “miedo
escénico” no la aprendí hasta muchos años después, por lo que pude recitar la
oración (de la que no recuerdo ni una sola palabra) con fluidez y, me atrevería
a decir, con sentimiento.
Al terminar, miré a los presentes satisfecho y
esperando un clamoroso aplauso que no se produjo. Giré la cabeza hacia el
sacerdote pidiendo una explicación y sólo obtuve de él un gesto que sugería que
regresara a mi asiento, que el espectáculo debía continuar.
Y el espectáculo continuó, claro. Hasta que llegó
el momento en que recibimos en el altar la sagrada forma. En mi segundo regreso
a mi asiento, comprobé que todos mis compañeros se arrodillaban, se llevaban
las manos a la cara y cerraban los ojos.
Yo hice lo mismo, llevándome las manos a la cara
para tapar un dubitativo “¿y ahora qué hay que hacer?” que quería fugarse de mi
boca. Cuando vi que algunos empezaban a levantarse, yo les imité agradeciendo
el fin de la incertidumbre.
Entonces escuché la voz de mi madre a mi lado
susurrando “¿Ya le has dado las gracias a Dios?”. “Por supuesto”, mentí.
Cuando fui consciente de que acababa de caer en el
pecado de la mentira apenas unos segundos después de haber recibido a Cristo,
pensé: “Joder, qué cagada”…
Y cuando fui consciente de que acababa de blasfemar
en plena Casa de Dios, pensé: “Esto es un sinvivir. Yo abandono”.
Y así hasta hoy.
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