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22 febrero 2012
Lo que no se vio en los Goya
La oenegé “Espontáneos Sin Fronteras” hizo público ayer por la tarde un comunicado que, por su interés, reproducimos en su integridad:
“En un lugar indeterminado de la geografía española, a veintiuno de febrero de dos mil doce:
‘Espontáneos Sin Fronteras’ quiere denunciar públicamente a la organización de la ceremonia de entrega de los Premios Goya del pasado domingo por su escasa profesionalidad y falta de respeto hacia un colectivo tan consolidado y reconocido como el nuestro.
Concretamente, queremos hacer notar que, hasta bien mediada la gala, ningún representante de la organización se dignó a hablar con nosotros para negociar nuestras apariciones espontáneas tanto en el escenario como en el patio de butacas a pesar de que nosotros habíamos rellenado correctamente todos los impresos necesarios y los habíamos sellado y presentado en ventanilla en tiempo y forma.
Nuestra indignación creció cuando, por medio de una azafata, se nos hizo llegar el anuncio de que, por falta de presupuesto, no se podría contar en esta edición con la espontánea actuación de Jimmy Jump, a pesar del éxito de audiencia cosechado el pasado año.
El hecho de que, al final, sólo pudiéramos colar la intervención de El Muletilla (reivindicando el western extremeño) y la de un colaborador enmascarado de Anonymous, nos lleva a anunciar que abriremos un periodo de reflexión entre nuestros asociados para valorar la conveniencia de participar en la ceremonia del año que viene.
Instamos también a la Academia del Cine, como responsable última del evento, a que valore en su justa medida si puede prescindir de nuestros servicios y, en consecuencia, los perjuicios que dicha decisión podría acarrear tanto a los índices de audiencia de la gala como al posterior seguimiento mediático de la misma.
Sin más, hacen mutis por el foro
Espontáneos Sin Fronteras”.
20 febrero 2012
09 noviembre 2011
El Ministerio de Cultura crea el Premio Nacional de Tauromaquia
04 octubre 2011
El fallo del jurado

01 julio 2011
Premios Ateneo de Sevilla de Novela 2011

Motivos profesionales (que son los peores) hicieron que tuviera que cubrir el pasado martes la sesión completa del Debate del Estado de la Nación (de doce del mediodía a diez y media de la noche).
Los mismos motivos, reincidentes ellos, hicieron que tuviera que cubrir el pasado miércoles la sesión completa del Debate del Estado de la Comunidad de Andalucía (de doce del mediodía a ocho y media de la tarde).
Lo que recomiendan nueve de cada diez psicólogos para que termines de hundirte, anímica y mentalmente, es que, después, por la noche, te vayas a la cena de entrega de los Premios Ateneo de Sevilla de Novela a escuchar el discurso del presidente del Ateneo (“Autoridades civiles y militares…” Sí, así empezó. Tengo testigos)
Afortunadamente, alguien tuvo el impagable gusto de elegir como anfitriona y conductora del acto a María Zaragoza, indiscutible ganadora del Premio Ateneo Joven del año pasado con “Dicen que estás muerta” y que estos días anda practicando el italiano por si el próximo 16 de septiembre (día de su cumpleaños, por cierto) tiene que recoger en el país vecino un premio del que es finalista.
Arropados por la seda de la voz de María, entre las mesas había muchos amigos: Andrés Pérez Domínguez, un tipo entrañable que siempre parece que pasaba por ahí pero que ganó con todos los honores el Ateneo de 2009 con una historia que se te pega a las neuronas y que lleva por título “El violinista de Mauthausen”; Paquiño Correal, periodista, un clásico en Sevilla, que si hubiera nacido en Nueva York sería un digno sucesor de Gay Talese; Oscar Oliveira, un “sin palabras”, un fenómeno como anfitrión, una bellísima persona y la joya más valiosa de Algaida Editores; etc…
Escondidos de la mirada de los presentes, en salón aparte, los miembros del jurado: entre ellos, Fernando Marías, tan cansado como el año pasado pero tan incombustible y generoso como siempre; y Vanessa Montfort, ganadora del Premio en la edición anterior con “Mitología de Nueva York”, destinada a traducirse hasta al esperanto, y de la que fue imposible no enamorarse un año mas.
(Quien no vino, y ya vas a ver tú lo que tardo en perdonárselo, fue Silvia Pérez Trejo. No sé qué pudo fallar, pero es que si tú juntas las palabras “fiesta” y “literatura”, o aparece Silvia o te has equivocado de sitio y te has metido en la sección de libros del Carrefour)
Con ellos (que a ver si, con la tontería, se me olvida mencionarlos), los ganadores de esta edición:
Alfonso Domingo, con la novela “El espejo negro”, cuyo argumento parte de la posible aparición de un desconocido cuadro de El Bosco cuando el protagonista de la novela se encuentra montando una exposición sobre dicho autor para conmemorar el quinto centenario de su muerte. De esta manera, Arte e Historia se dan la mano para crear una trama basada en la intriga y en la cultura “no acadecimista” en torno a ese inquietante pintor.
Y como Premio Joven, pero no menos importante, Leticia Sánchez, periodista asturiana que ya se dio a conocer al obtener el premio internacional Emilio Alarcos LLorach con la novela “Los libros luciérnaga”. En esta ocasión, “La calle La luna” transcurre en un bar en los años sesenta. Un bar del que, uno de sus parroquianos, deja en herencia a la hija de los dueños un legado que da pie al desarrollo de una curiosa y atractiva historia.
Conocidos los ganadores y superados sin excesivas lesiones cerebrales los discursos institucionales, el resto de la noche dio como para escribir una novela con la que tratar de tú a tú a las finalistas del premio de la Semana Negra de Gijón. ¿Que no? Te cuento:
ARGUMENTOS PARA UNA NOVELA NEGRA:
La historia transcurre en la terraza de un hotel cuyo nombre empieza por EME y ya está, no hay más: se llama así.
Los personajes de la novela han sido convocados allí por un exmiembro de la Policía Local de Leganés y actual concejal en la oposición del citado municipio.
Uno de los protagonistas no existe (“¡Nadie puede llamarse realmente Vanessa Montfort”, según exclamó Caballero Bonald cuando la susodicha ganó el Premio Ateneo Joven en 2006)
Otro personaje, cuyo nombre responde a las siglas X. F., reconoce públicamente que fue él quién mató a Terenci Moix.
Y un tercer personaje, en el silencio de la noche, pronuncia las palabras mágicas “Luis María Anson” y, acto seguido, la torre de una iglesia cercana dispara tres mortíferas campanadas.
Ya te puedes imaginar de qué hora estamos hablando. El resto, que te lo cuente tu imaginación, que a mí me da la risa…










